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Del sótano a la nube
El despacho de Lino está en lo más profundo de la sede de Badajoz, en un entramado de pasillos que van guiando al visitante entre paredes blancas y puertas con sus respectivos nombres de los integrantes de este servicio. Hemos quedado a las once y media de la mañana y nada más llegar la visión de su despacho traslada a la infancia. Algún coche teledirigido, varios superhéroes y, por encima de todo, un camión Pegaso con ruido, luces, dirección asistida y cable para conducirlo, que hizo las delicias de muchos niños en la década de los años setenta y ochenta.
Antes de comenzar a charlar, Lino conversa con su compañera Toñi sobre un tema que los lleva de cabeza durante varios días. Tras quedar en seguir viendo el tema, me invita a pasar. Antes de sentarnos, hablamos de hacer alguna fotografía para ilustrar el relato. Nos trasladamos a la sala donde se encuentra la joya de la corona. No encontramos ninguna fastuosa corona ubicada en un famoso castillo inglés sino una serie de inmensas infraestructuras cargadas de paneles que hacen las veces de servidores interconectados por un mar de cables y de lucecitas que no paran quietas en ningún momento. Lino comenta que es una sala esencial pues contiene el corazón que bombea y retiene toda la información de la casa. Tras las fotos, me explica que las que componen los servidores son más pequeñas y con mayor capacidad, con lo que cada vez se necesita menos espacio físico para los equipos.
Nos sentamos para charlar y comenzamos analizando las principales funciones que realizan desde el departamento. Entre otras, Lino y las cinco personas, junto con los dos trabajadores de otras unidades que componen el servicio de informática, trabajan en dar apoyo transversal a todas las unidades y servicios de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, garantizando la seguridad de todas las operaciones, algo que es esencial en un organismo público. Además, también es primordial ofrecer un buen acceso a internet, servicio de correo, almacenamiento de información, etc. a través de la red interna en todas las sedes, de las que también cuidan a diario.
Pero hay más. Igualmente, entre sus funciones se encuentran la búsqueda de soluciones tecnológicas para ayudar en el día a día a sus compañeros, además de ofrecer asesoramiento a diferentes cargos y departamentos en cuestiones informáticas y de gestión de programas. Se nota que Lino y su gente disfrutan con su trabajo, aunque a veces sea ingrato por la razón de siempre, ya que "en informática todo el mundo protesta cuando falla algo, pero se asume como normal que todo funcione a la perfección". Pero no lo comenta con acritud sino riéndose sabedor que es algo universal, lo mismo que "ese dicho que dice que cualquier incidencia en informática se soluciona con un buen apagado y encendido". Nos reímos porque son los gajes del oficio.

Y es que en los casi 22 años que lleva en la casa ha tenido que ir aprendiendo a sensibilizar a los trabajadores para que pudieran comprender que muchas de las decisiones que se toman desde su servicio están pensadas para mejorar en muchos aspectos y no para castigar a los usuarios. "En alguna ocasión, los compañeros han pensado que nuestras decisiones buscaban coartar la libertad, como cuando se denegó la instalación de programas sin ningún control en los ordenadores, pero la intención era salvaguardar la entrada de posibles virus e implementar seguridad en todo el sistema. De hecho, cuando se les explicaron las medidas lo entendieron perfectamente".
En este recorrido de situaciones, Lino despliega sencillez y claridad en su cometido demostrando que tiene pasión por lo que hace a diario. De hecho, comenta que "todo lo hacemos encantados pero lo que más nos gusta es que la gente vea la informática como una herramienta útil y adecuada para hacer más fácil el día a día en la oficina o en el exterior". Aun así, esta ilusión choca frontalmente con un aspecto que les preocupa y es la presión con la que trabajan diariamente al saber que tienen en sus manos una ingente cantidad de información que al mínimo error puede llegar a perderse.
Llegados a este punto la conversación deriva hacía la pandemia y el gran reto que supuso pasar de que una veintena de personas teletrabajaran en la institución, a tener en una semana que dar asistencia para que más de doscientas personas comenzaran a trabajar en remoto. Lino recuerda esos días como "una experiencia de mucho estrés pues tuvimos poco más de tres días para prepararlo todo". Fueron días de muchos miedos por los problemas de acceso desde fuera con equipos personales y los agentes externos que pudieran afectar al sistema central. Al final, entre los cortafuegos, la conexión VPN para comunicar y los protocolos utilizados se pudo solventar la situación de forma más que eficiente.
Terminamos el encuentro hablando de futuro y comenta que el reto fundamental en los próximos meses es migrar toda la información del Organismo de cuenca a la nube y trabajar con la nueva licencia de Microsoft 365, para lo que tienen pensado hacer cursos de formación y aprendizaje para todos los trabajadores, a través de la plataforma Teams. Nos despedimos charlando sobre ese Pegaso que los dos utilizamos en nuestra infancia y con la sutil recomendación de Toñi en un breve "a ver lo que pones en el escrito".


