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El trabajo silencioso
El tomate gigante brilla con fuerza tras el impacto de los primeros rayos de sol. En la parte superior de la inmensa estructura, las cigüeñas han creado su particular casa y disponen de una privilegiada vista de Miajadas. En la gran rotonda de entrada a la localidad, hemos quedado con José Alberto, encargado de Presas del Área de Explotación de la zona 5. Queremos acompañarle durante un día para conocer en profundidad la labor que desempeña por los embalses de la zona más céntrica de Extremadura.
La primera visita que tiene que realizar es al embalse de Búrdalo. Ha quedado con dos de sus hombres para ver cómo van los trabajos de señalización de hitos de expropiación para delimitar el perímetro de la presa. Al llegar a la oficina comprueba que los dos operarios están en plena faena en un punto alejado del embalse, verificando que la construcción de los hitos se está realizando conforme al proyecto. Tras hablar por teléfono con ellos, pone rumbo al siguiente punto del día, mientras contempla la belleza de la zona donde se encuentra y en la que desarrolla a diario su labor.
Tras recorrer varios kilómetros en paralelo al canal que sirve de conexión entre la presa y el canal de Orellana, explica que uno de los cometidos más importantes que tiene en estos meses de época de riego en toda la zona es atender las instrucciones que recibe para añadir hectómetros cúbicos de agua al canal. Estas acciones se realizan en periodos puntuales del año cuando los regantes hacen peticiones de agua para sus cultivos. Esa es una de las razones de que esta zona media de Extremadura disponga de varias presas que, interconectadas entre sí, hacen la función de vasos comunicantes para ir atendiendo las demandas de agua que se generan al cabo del año. También señala que otra labor muy importante que se hace en su unidad es amortiguar los efectos de las avenidas gestionando las entradas y salidas de los embalses en época de lluvias.

Hablando de estas obras de ingeniería, hemos cruzado de punta a punta Miajadas para ir buscando la nacional que nos lleve a la presa de Alcollarín. Antes de llegar al pueblo del mismo nombre, el paisaje recuerda en algo a la Soria pura cabeza de Extremadura que tanto encandiló a Antonio Machado. No en vano, las dos regiones están íntimamente unidas por esa trashumancia que se está perdiendo con el paso de los años y la decadencia del pastoreo. Entre pastos y ovejas llegamos a la presa de Alcollarín. Tiene vistas del pueblo, a un lado, y la profunda y lejana belleza de la sierra de Guadalupe, al otro lado.
Entramos en las tripas de la presa pues José Alberto tiene que comprobar que los trabajos de electricidad que le ha encargado a su compañero Vicente se están realizando. Me cuenta que, entre sus funciones, también se hallan la gestión de muchas labores que no se ven pero que hay que hacerlas sin descanso como fontanería, pintura, poda, limpieza y desbroce en los accesos o distribución de productos fitosanitarios. José Alberto se encarga de la labor de intendencia para que no les falte de nada a sus compañeros y lo mismo traslada en su Ford Ranger latas de pintura como productos fitosanitarios, bombas de extracción o distintas herramientas.
Pasamos a las galerias donde realiza labores de toma de datos sobre la imponente estructura en la que estamos inmersos. En esos largos y fríos pasillos nos encontramos con péndulos inversos y directos que ofrecen mediciones de los movimientos de la presa, así como medidores de juntas tridimensionales, para medir los movimientos entre los bloques de hormigón. En el suelo se distribuyen los drenes de agua, que quitan la presión de la presa y los aforadores que miden las pérdidas de agua resultantes de esos drenes, además de los piezómetros que miden la presión de los cimientos de la estructura. También se hace labores de medición, recogiendo diariamente datos meteorológicos, cota y volumen, evaporación, lluvia, máximas y mínimas, además de la temperatura diaria a las ocho de la mañana. Todo se mide, todo se controla. Nada se deja al azar en estas moles de hormigón compacto.
Sin descanso nos encaminamos a otra presa de la zona. El embalse de Sierra Brava es peculiar por dos cosas. Allí se encuentra la única plataforma de paneles solares sobre agua de la región y una central hidroeléctrica que trabaja a destajo las 24 horas. Tras una inspección ocular de la instalación, José Alberto recibe una llamada de un compañero que le confirma que ya está arreglada la bomba de agua que tenían en el taller y quedan para gestionar su transporte e instalación al día siguiente en Don Benito.

Llegando a la media mañana, nos dirigimos al pueblo de Cañamero. Allí queremos hacer una visita al embalse de Cancho del Fresno para ver cómo van los trabajos de acondicionamiento de todos los elementos exteriores de la estructura. En el paso previo por el pueblo llama la atención las piezas de crochet que cubren los troncos de los árboles y una pancarta colocada en una terraza que dice "el agua es más valiosa que el oro". Toda la razón del mundo para ese vecino.
El entorno de Cancho del Fresno es espectacular. Parece que uno se ha trasladado a Asturias o Cantabria por el verdor de la arboleda y la altura de los picos que hacen de encaje para el paramento de la presa. Antes de charlar con Constantino para saber si necesita más pintura y hacer bromas sobre su próxima jubilación, hemos visitado el río Ruecas y las pinturas rupestres que miran con orgullo y descaro al embalse. Visitamos el entramado de túneles que tiene la estructura y subimos a la parte superior para disfrutar de unas vistas increíbles y de las carpas que juguetean por las aguas tranquilas y azuladas del embalse. Antes de irnos, Constantino nos acompaña al coche para entregarle a José Alberto unas carpetas con datos e informes.
Son casi las dos de la tarde, pero queda trabajo por hacer en la zona de Logrosán. Allí, en un corto espacio de kilómetros, se encuentran las presas de Ruecas y su azud, además de Cubilar y Gargálicas. Los tres embalses se encuentran en un bello entorno y están interconectados para ser pieza clave en la alimentación de agua tanto para el canal de Orellana como para el canal de las Dehesas. En Gargáligas nos despedimos después de un día de muchos kilómetros, bellos parajes y abundantes gestiones silenciosas, pero tan necesarias para que todo funcione a la perfección.


