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Guadiana, un río literario III

Guadiana, un río literario III

Comenzamos una nueva etapa en este recorrido literario que nos lleva a lo largo del Guadiana, repasando los versos y textos sobre este río mágico, misterioso e histórico.
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Guadiana, un río literario III

En esta tercera entrega por este viaje literario por el Guadiana. Nos adentramos por la campiña de Montiel y el estrecho de Peñarroya con el texto de Francisco Layna Serrano, donde se describe la zona y la construcción del actual embalse:

"El arruinado castillo de Peñarroya, cobijo hoy de un santuario consagrado a la Virgen de esta advocación, tiene su asiento en el borde de la meseta rocosa asomada a una profunda angostura donde en la actualidad construyen la presa de un pantano; por esta parte resulta inexpugnable, toda vez que los peñascos en que se apoya son altos y cortados casi a pico, pero, en cambio, era muy vulnerable desde la parte llana; las peñas que le sirven de sólidos cimientos llegan apenas a media ladera, y por ésta asciende un camino hasta remontar la cumbre y llegar a la antigua puerta del castillo"

 

Gaspar Gómez de la Serna se detiene a analizar, en un texto publicado en ABC, el Campo de Argamilla, describiéndolo de esta manera:

...Argamasilla es, además de "lo que es", un regalo de frescura y verdor para la vista que viene entrenublada por el mucho polvo de la seca llanada en torno. Dos brazos del Guadiana alto -Malecón de Santiago y Canal del Gran Prior- cruzan su término, regando unas ochocientas fanegas de tierra agradecida que se hace huerta y alameda. El caserío blanco, amparado por la arboleda de alto vuelo, se una, a la derecha, por el cordón umbilical de un camino guarnecido de una doble y negra hilera de cipreses, al blanquísimo tapial del cementerio, tras el que se guarece también la primitiva parroquia.

 

Para finalizar esta tercera entrega del Guadiana y la literatura, terminamos con la descripción que realiza Eduardo Hernández Pacheco en su Fisiografía del Guadiana:

En la llanura de la Mancha, elevada unos 700 metros sobre el mar, correspondiente al segundo tramo del Guadiana y de los ríos que con él confluyen, Záncara y Cigüela, no hay terrazas, pues los cursos de agua no corren por valles definidos, sino por la misma superficie de la extensa llanura en régimen incierto y vagabundo... Los ríos tienen tendencia, al cruzar la llanura, a disminuir su caudal, perdiéndolo en las arenas al avanzar lentos y sin fijeza... Esto hace que el Guadiana, a poco de entrar en la llanura neógena, pueda ser desviado de su lecho en los inviernos por los vecinos de Argamasilla de Alba, desparramando las aguas por la llanura hacia el Oeste, atajando la corriente sin más que cruzar unos troncos de árboles con el fin de que las aguas no inunden las viñas que han plantado en el cauce del río.

 

Seguirá...