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Guadiana, un río literario II
Hace casi un mes emprendimos un viaje literario por el Guadiana. Comenzamos en las Lagunas de Ruidera y seguimos avanzando por este enclave maravilloso en la cuenca alta, con un poema de Ramón Garcíasol, titulado La Luz, de su obra Tierras de España:
Pupilas de Ruidera, luz manchega,
arracimada flor, última criba
piedra preciosa, idea o agua viva.
La marea de luz creciente anega
los residuos de sombra. Cobra hondura
decisiva la forma de las cosas.
Pesa luz en los hombros, pesan rosas,
aves de paz luciente en la llanura,
honda poza de luz del océano
que hace Dios de la Mancha si la mira
o la acaricia el rostro con la mano.
La luz ciñe las formas y proclama
el ser, sin confusión. De luz suspira
un pájaro. De luz el campo brama.
El gran Víctor de la Serna se detiene a analizar en su texto Nuevo viaje de España. La vía del Calatraveño, los distintos nombres que reciben cada una de las lagunas, describiéndolo de esta manera:
Cada laguna tiene su nombre; y la gracia toponímica manchega se ha derramado en honor de esta diadema de transparencias: La Blanca, Cueva Morenilla, Santo Amorcillo, La Redondilla (¡siempre el diminutivo del país!), la del Rey, la de María Garrida... no se sabe cuál es más bella.
Para finalizar esta segunda entrega del Guadiana y la literatura, terminamos con uno de los más grandes, Miguel de Cervantes que plasma de manera sublime en El Quijote la particularidad del nacimiento del Guadiana en las Lagunas de Ruidera:
...con vos y conmigo, y con Guadiana, vuestro escudero, y con la dueña Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos, nos tiene aquí encantados el sabio Merlín a muchos años; y aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros; solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras y tantas lagunas, que ahora en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman las lagunas de Ruidera; las siete son hijas de los reyes de España, y las dos sobrinas de los caballeros de una Orden santísima, que se llama de San Juan. Guadiana, vuestro escudero, plañendo asimesmo vuestra desgracia, fue convertido en un rio llamado de su mesmo nombre, el cual, cuando llegó a la superficie de la tierra y vio el sol de otro cielo, fue tanto el pesar que sintió de ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra; pero, como no es posible dejar de acudir a su natural corriente, de cuando en cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes le vean.
Seguirá...


