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Guadiana, un río literario. Último capítulo.
Comenzamos con un texto de Bernardo de Valbuena:
"Y de allí en Portugal, de roca en roca,
Huye al Algarbe y busca el mar vecino.
Allí es Lepe, Ayamonte; allí su boca,
Y el que adelante está Castromarino;
Y aquella estrecha tierra puesta enfrente,
De Portugal la costa de poniente."
Seguimos con estas líneas de Alfonso Ramos en su obra Río para dos:
"Corre raudo el Guadiana
caminito del Atlántico,
y en su discurrir escucha
-andaluz y lusitano-
Fandangos de bienvenida
y melancólicos fados.
Proseguimos con los versos de Luis de Góngora:
Cisnes del Guadiana, a sus riberas
llegué, y a vuestra dulce compañía,
cuya suave métrica armonía
desata montes y reduce fieras...
Avanzamos hacia el final del camino con las palabras de Juan Benet:
"Se diría que una vida tan agitada y disipada forzosamente tenía que concluir en arrepentimiento, en ese dulce y calmo tramo final con el que conduce sus aguas al mar, en el estuario de Villa Real de San Antonio y de Ayamonte, entre voces de chiquillos."
Para finalizar, nos recreamos con esta reflexión de Eugenio Montes:
"Si al Tajo Garcilaso, y al Betis Lope, y al Tormes fray Luis de León, al Júcar Góngora, y al Duero Antonio Machado, le llevaron primicia y diezmo de sus rimas, él no debe nada a nadie y su gloria es suya."


