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Desafíos y oportunidades
Hace unas semanas la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera llamaba la atención sobre el deterioro de la calidad del agua en los acuíferos debido al incremento de las sustancias químicas. Se hace urgente y necesario implantar medidas para reducir la contaminación difusa por nitratos y nutrientes y, de hecho, la propia Ribera ha apuntado que "debemos estar preparados para garantizar agua de calidad afrontando los desafíos en materia de contaminación y aprovechando las condiciones que se presentan en el Plan de Transición y Resiliencia como proyecto común de la UE".
Igualmente, Ribera apuesta abiertamente por actualizar los proyectos hidráulicos ante los grandes desafíos que plantea el cambio climático y las exigencias de la Agenda 2030. Con motivo de la reunión de la Comisión de Seguimiento del Pacto del Agua en Zaragoza, la ministra ha defendido políticas de consenso y ha señalado que "los actuales escenarios hidráulicos están marcados por las tendencias extremas, como los períodos de sequía o las inundaciones".
Y es que las tendencias extremas en el clima son ya una realidad en nuestro planeta y suponen un gran reto. Los estudios más actuales reflejan un calentamiento global de la tierra sin precedentes en milenios. Los expertos aseguran que la actual concentración en la atmósfera de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, supera las 410 partículas por millón, la mayor tasa de los últimos dos millones de años. El nivel del mar ha subido como media unos 20 centímetros entre 1901 y 2018, pero si anualmente se elevaba unos 1,3 milímetros en las siete primeras décadas del pasado siglo, ahora lo hace unos 3,7 milímetros, sufriendo en el último siglo su mayor calentamiento en 3.000 años.
Ante esta situación, ¿estamos a tiempo de tomar medidas? ¿Se puede convertir un gran desafío en una oportunidad histórica? Es necesario actuar y utilizar los recursos junto con la toma de medidas para seguir garantizando la disponibilidad de agua, su gestión sostenible y su correcto saneamiento.
La cuenca del Guadiana
La Confederación Hidrográfica del Guadiana trabaja para conseguir dichos objetivos y revertir la situación actual. El programa de medidas del próximo Plan Hidrológico contempla inversiones de más de 1.400 millones de euros en la demarcación. Algo más de 1.000 millones se destinarán a poner en marcha actuaciones dirigidas a conseguir que las masas de agua alcancen los objetivos ambientales.
El Alto Guadiana ocupa un lugar fundamental en estos objetivos. De hecho, el Plan Hidrológico recoge el posible efecto del cambio climático en la reducción de aportaciones y recarga de los acuíferos de las masas de agua subterránea, así como su influencia en la definición de sus recursos disponibles, con la conclusión de que en el año 2039 se deberían reducir los recursos disponibles de las masas de agua subterránea actualmente definidos entre un 5 y un 10% para mantener los objetivos de buen estado de las masas de agua.
La demarcación del Guadiana muestra, desde hace décadas un frágil equilibrio y sigue sometida a un gran número de presiones, por lo que la irrupción del cambio climático acrecentará los problemas en la zona. Por esa razón, la cuenca alta se enfrenta a la continua pérdida de niveles piezométricos de las masas de agua subterráneas y el reto para del Organismo de cuenca es alcanzar el buen estado de dichas masas de agua y de ecosistemas tan valiosos como toda la Mancha Húmeda, incluidas las Tablas de Daimiel y las Lagunas de Ruidera.


