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Agua y cambio climático, así nos afectará
Hace unas semanas, la revista Geophysical Research Letters publicaba un estudio realizado por investigadores chinos y australianos donde se adelantaba el futuro que le queda al planeta si no se frena el cambio climático. La conclusión más impactante es que si no se realizan esfuerzos para cambiar la tendencia actual, a finales de este siglo, los veranos podrían llegar a ser de seis meses y los inviernos de poco más de un mes. De esta manera, la primavera y el verano comenzarían antes mientras que el otoño y el invierno arrancarían más tarde, siguiendo la tendencia que señala que básicamente pasaremos de cuatro a dos estaciones.
En este contexto, los expertos avisan que los estudios ya han demostrado que las estaciones cambiantes causan significativos riesgos ambientales y de salud. Por poner un ejemplo, las aves cambian sus patrones de migración y las plantas emergen y florecen en diferentes momentos, lo que provoca desajustes entre los animales y sus fuentes de alimentos, alterando las comunidades ecológicas. En el terreno humano, los cambios estacionales provocarían estragos en la agricultura y acuciarían enfermedades relacionadas con alergias o plagas de insectos. Curiosamente, los mayores cambios de los ciclos estacionales se producirán en la región mediterránea y la meseta tibetana.
Ante esta situación, cabe hacernos una pregunta: ¿Cómo está afectando y cómo afectará el cambio climático al agua? Dependemos de ella para muchos aspectos de la vida diaria como son salud, higiene, alimentación, economía, clima o sostenibilidad, por lo que es necesario. Y ya vemos que para cambiar la tendencia y adaptarnos a esta nueva situación, es necesario gestionar de manera eficiente todos los recursos hídricos.
Además del calentamiento global y el consecuente aumento del nivel del mar y la licuación de los glaciares, otros aspectos son importantes a la hora de analizar la situación. Nos centraremos en cuatro: sequías, alteraciones en el ciclo del agua, aumento de la temperatura del agua y variaciones en la composición de los océanos. Según las previsiones de científicos se van a acrecentar los episodios de sequía, lo que provocará problemas en la agricultura, en la producción de alimentos y el incremento de incendios. Por su parte, la transformación del ciclo del agua va a traer consigo más vapor en la atmósfera, más tormentas y lluvias extremas y menos nieve.
Otro de los problemas es el aumento de la temperatura del agua que producirá modificaciones en los niveles de oxígeno y de la salinidad de los océanos, olas de calor oceánicas, destrozos en los ecosistemas de agua dulce y, por último, y no menos preocupante la contaminación del agua, que podrá acabar afectando a otras fuentes hídricas como las aguas subterráneas. Para acabar de completar este escenario, los cambios en la composición química de los océanos provocarán acidificación, brotes de algas tóxicas, una flora y fauna afectada, en definitiva, un ecosistema marino en claro peligro.
El cambio climático es una realidad incontestable y requiere de un esfuerzo de gobiernos, instituciones, sectores, organizaciones, colectivos y sociedad, en general, para revertir una situación que se agrava a pasos agigantados. Es momento de apostar por alternativas energéticas, de hacer una correcta gestión de los recursos existentes y de que todos valoremos un recurso como el agua que cada vez tiene más amenazas.


