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El embalse de las pinturas rupestres
Situado en la cabecera del río Ruecas y cerca de Cañamero (Cáceres), el embalse de Cancho del Fresno se sitúa en plena comarca de Las Villuercas (el cerro de este nombre alcanza la cota más alta de la cuenca del Guadiana, 1.610 m). Este embalse se encuentra en un espectacular entorno de naturaleza que puede disfrutarse paseando por el camino perimetral que surge por ambas partes de la cabecera.
Se trata de una presa de gravedad de planta recta, a base de hormigón, construida en la década de los ochenta sobre una cerrada magnífica (tiene 57 m de altura sobre cimientos y 217 m de longitud en su coronación), dentro de un contexto geológico de cuarcitas y areniscas del Ordovícico. Tiene una capacidad de 15,21 hm3, de agua que se destina al abastecimiento de Cañamero, Zorita y Logrosán.
El aliviadero, de labio fijo, funciona con frecuencia desde que fue puesta en explotación en 1986, lo que logra merced a una reducida (30 km2) pero lluviosa cuenca de aportación. Estos excedentes son almacenados en el embalse del Ruecas y, a través del azud del Lavadero y el Canal de las Dehesas, pueden acabar en el de Sierra Brava.

Pinturas rupestres de la Cueva de la Chiquita
El área de Villuercas-Ibores-Jara es uno de los complejos de arte rupestre más nutridos y representativos de la geografía extremeña. Entre todos los restos encontrados, al lado del embalse, se encuentra la Cueva de la Chiquita, que fue la primera cueva con pinturas que se descubrió para la ciencia en la provincia de Cáceres.
En la cueva se pueden contemplar más de cien signos de muy distinto tipo, dibujados sobre las paredes de roca. Se catalogan dentro del arte esquemático ibérico, datado desde el Neolítico final hasta la conclusión del Bronce e incluso inicios de la Edad del Hierro, entre el IV y el I milenio antes de nuestra era. La cueva no cuenta con demasiada profundidad, sino de un abrigo favorecido por la inclinación de los estratos cuarcíticos y por su erosión.
Las pinturas se distribuyen en cuatro grupos por todo lo que parece un gran panel, estando las más altas a siete metros del suelo. Fueron realizadas en las zonas más lisas, dándose casos en algunas ocasiones de pinturas superpuestas a otras. Unas representan figuras humanas muy esquematizadas, bien en forma de ancla o en forma de cruz. También hay elementos simbólicos, como cruces, puntos, rayas o círculos.
La cueva cuenta con una leyenda muy conocida por los pueblos de alrededor. Dicen que en la cueva vivió un cabrero conocido como Álvarez que, cierto día, encontró una pequeña culebra junto al río. Tras adoptarla y ponerle de nombre 'Chiquita', comenzó a cuidarla y a alimentarla con la leche de sus cabras. Cada tarde el pastor llamaba a la culebra por su nombre y esta nunca tardaba en acudir a las atenciones de su cuidador.
Pero el pastor tuvo que partir a la guerra y estuvo varios años fuera del pueblo. Cuando retornó, corrió a la cueva en busca de su culebra, pero comprobó con horror que esta había crecido y se había transformado en un gran animal que devoraba a personas y ganados. El monstruo no reconoció al pastor y lo devoró en un santiamén, dejando una huella en la pared de la cueva.


