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Arrancan las obras para erradicar el nenúfar mejicano del río Guadiana
Tras décadas de expansión de esta especie exótica invasora, empiezan los trabajos de un proyecto que prevé actuar sobre 27 kilómetros de cauce, extraer más de 600.000 metros cúbicos de lodo y recuperar el equilibrio del río en un periodo de aproximadamente seis años. En este artículo hacemos un repaso de las actuaciones que se han venido llevando a cabo en el pasado y desgranamos las obras que acaban de comenzar
El Guadiana vuelve a ser noticia, pero esta vez por un motivo esperanzador: hoy comienzan las obras de retirada del nenúfar mejicano, la especie exótica invasora que lleva años expandiéndose y transformando el paisaje del río a su paso por la ciudad de Badajoz. Se trata de la mayor intervención ambiental realizada hasta la fecha en la capital pacense, un proyecto promovido por la Confederación Hidrográfica del Guadiana y apoyado por la Junta de Extremadura y el Ayuntamiento de Badajoz con el impulso de la Delegación de Gobierno en Extremadura.
La actuación tiene una duración prevista de aproximadamente seis años y cuenta con un presupuesto global de 25 millones de euros que serán cofinanciados con fondos europeos en el marco del Programa Plurirregional de España FEDER 2021-2027, en el ámbito del objetivo específico OE 2.7 “El fomento de la protección y la conservación de la naturaleza, la biodiversidad y las infraestructuras ecológicas, también en las zonas urbanas y en la reducción de toda forma de contaminación”.
El plan contempla la eliminación del nenúfar en torno a 27 kilómetros del cauce urbano y periurbano, así como la extracción de más de 600.000 metros cúbicos de lodos acumulados en el fondo. En total, se intervendrá sobre unas 134 hectáreas de superficie fluvial afectada con el objetivo es devolver al río su funcionalidad ecológica, mejorar la calidad del agua y recuperar su valor paisajístico y social.

Origen y primeras actuaciones
Las primeras evidencias del nenúfar mejicano (Nymphaea mexicana) se encontraron en los años ochenta en el entorno de Badajoz, concretamente en el arroyo de la Cabrera. Esta planta no flota libremente como otra especie invasora con las que se la suele confundir, camalote, sino que enraíza en los sedimentos blandos del fondo del río, frenando el movimiento del agua por las acumulaciones de materia orgánica que provoca y afectando a la supervivencia de especies autóctonas.
A lo largo de las décadas, la planta ha ido ganando terreno y estableciéndose de forma imparable en el cauce principal del Guadiana. Los factores que explican su expansión son la presencia de aguas estancadas debido a los azudes urbanos de La Granadilla y La Pesquera –que acumulan fangos, exceso de nutrientes procedentes de la agricultura y vertidos urbanos– y un clima caluroso que favorece su crecimiento durante casi todo el año.
Precisamente sobre estos dos azudes se han realizado trabajos de mejora de continuidad fluvial que contribuirán a la disminución de la presencia de nenúfar al facilitar el transporte de los sedimentos que acarrea el río y movilizar las ya existentes aguas arriba y abajo de ambas infraestructuras hidráulicas. Las dos operaciones se han financiado a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) para la ejecución de los fondos Next Generation EU.
La intervención sobre el azud de La Pesquera, cuyo importe supera los 2,2 millones de euros, finalizó este verano y ha incluido la construcción de una rampa para peces que ha mejorado su permeabilidad y ha facilitado la continuidad longitudinal para la ictiofauna.
La actuación sobre el azud de La Granadilla, a punto de finalizar y con una inversión de más de 5,3 millones de euros, garantizará la continuidad del servicio del colector general de aguas residuales de la margen izquierda de Badajoz, que está alojado en el interior del azud y que permite el paso de las mismas desde la margen izquierda hasta la margen derecha donde se ubica la EDAR de Badajoz. También contempla la instalación un órgano de desagüe compuesto por un sistema de cierre en el río mediante compuertas y un canal de descarga.
Pero estas no son las únicas actuaciones llevadas a cabo en la zona. Durante años, se han realizado pequeñas labores de limpieza, desbroces manuales y retiradas superficiales, aunque sin resultados duraderos. En 2018, la Confederación Hidrográfica del Guadiana encargó los primeros estudios técnicos completos, que concluyeron con la redacción del proyecto cuya ejecución hoy se inicia.
El plan de retirada y los condicionantes medioambientales
Tras una larga tramitación, el proyecto “Actuaciones de control de la especie exótica invasora Nenúfar Mejicano en la cuenca del Guadiana” superó la Evaluación de Impacto Ambiental en febrero de 2025. La declaración publicada en el Boletín Oficial del Estado autorizó las obras bajo estrictas condiciones medioambientales. Debido a la Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) que atraviesa el casco urbano de Badajoz, los trabajos solo podrán realizarse entre los meses de octubre y febrero para no afectar a los periodos de cría de aves y minimizar así el impacto sobre las especies protegidas. Además, se establecen controles de calidad del agua, seguimiento de turbidez y planes de vigilancia posteriores a la finalización de la obra.
El proyecto se estructura en tres fases, cada una de ellas con objetivos específicos para la restauración del cauce fluvial. En la primera y preparatoria se han adaptado accesos, se han organizado las zonas de trabajo, se ha gestionado la logística y se ha movilizado la maquinaria necesaria, además de tramitar permisos y aprobar la Declaración de Impacto Ambiental (DIA).
La segunda se divide, a su vez, en dos etapas: la primera, encargada a la empresa pública TRAGSA por 4,5 millones de euros y que empieza hoy, comprende todos los tramos de ríos afectados hasta el puente de la Autonomía (a finales de este 2025 y principios de 2026 se actuará, concretamente, entre el arroyo de la Cabrera y el río Gévora); la segunda seguirá aguas abajo, hasta la frontera con Portugal. Los trabajos se centrarán en la eliminación del nenúfar mejicano a lo largo de más de 27 kilómetros mediante la extracción de todas sus manchas visibles y en el deslodado del río, retirando sedimentos acumulados en el lecho, especialmente en zonas cercanas a los azudes de La Pesquera y La Granadilla. Para ello, será necesario vaciarlos parcialmente de forma progresiva, evitando causar así daños estructurales y ecológicos.
Las labores de retirada serán meticulosas. La maquinaria empleada deberá arrancar la planta desde su raíz y eliminar los fangos donde esta se fija. Los restos vegetales y el material extraído se depositarán en áreas controladas para evitar su dispersión (se utilizarán entre 40 y 50 hectáreas de ambas márgenes para depositar los sedimentos extraídos).

Por último, durante la fase final se llevará a cabo la restauración ecológica del entorno mediante la inclusión de especies ribereñas autóctonas en la vegetación de márgenes, orillas y zonas intervenidas, y se establecerá un sistema de vigilancia para prevenir la reaparición del nenúfar en el futuro.
El proyecto contempla, además, otras medidas ambientales como el control de la calidad del agua, el análisis de los sedimentos y la protección de especies sensibles mediante acciones correctoras y compensatorias, y un estudio paralelo sobre la evolución de la flora acuática.
Concienciación ciudadana
Los trabajos generarán una serie de inconvenientes para la ciudadanía, de ahí que el Organismo de cuenca haya decidido también llevar a cabo una serie de campañas para concienciar a los pacenses de que estos daños colaterales son inevitables para poder disfrutar de un entorno fluvial más limpio, sano y sostenible.
La primera de estas campañas se desarrolló durante el pasado mes de septiembre y consistió en la difusión del lema ‘Cambiamos el río, para vivirlo’ en pantallas digitales ubicadas en distintos puntos de la capital pacense y también en medios escritos de la ciudad.

Durante la ejecución de las obras, la CHG seguirá trabajando en sensibilizar a la población y en recordarles que todos estos cambios son necesarios y beneficiosos no solo para el propio río, sino también para el conjunto de la sociedad.

